Wednesday 17th January 2018,
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Arquitectura como soporte del arte

Arquitectura como soporte del arte

Ahora que el espectáculo parece alejarse de las formas, y de las intenciones, de muchos edificios, podría renacer en ellos su antigua función (una función añadida) como soporte del arte. Arquitectos como Rubén Picado y María José de Blas consideran que es necesario reflotar la colaboración entre proyectistas y artistas. En algunas de sus obras públicas, ellos lo han hecho. Y aseguran que contratar a artistas emergentes ha revalorizado esos edificios.

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Hay artistas capaces de provocar interferencias con la arquitectura. Mies van der Rohe lo demostró en su pabellón de Barcelona. Buscó a un artista opuesto a sus planos abstractos, casi neoplasticistas, y clavó la mujer desnuda del alemán Georg Kolbe, en un extremo del pequeño estanque al fondo del pabellón. Así, la mejor cualidad de esta escultura es su ubicación. La figura de bronce se refleja en el agua, en el mármol y en los vidrios, es decir, se multiplica en el espacio llevando sus curvas hasta los planos del edificio.

Hay arquitectos que en el arte parecen buscar espejos. A otros les interesa el eco. Y también los hay que añoran un diálogo entre sus obras, una confrontación o el riesgo controlado de ponerse a prueba. Cuando Foster habla de Rothko como su artista favorito para llevar a sus obras una piensa más en un agujero que en un espejo al imaginarlo en la fría elegancia de sus edificios. Sin embargo, Juan Navarro Baldeweg ha explicado que su pintura, fauvista y colorista, rompe la austeridad de su arquitectura y su antigua tímida preferencia por los materiales nobles sin más color que el de su materia.

Las interferencias se producen en cuanto aparece algo, lo que sea, en un escenario vacío. Eso ha sucedido siempre. Ocurre sobre la mesa cada noche antes de la cena. Así, resulta complaciente la moda de hablar de artistas con “mentalidad de arquitecto” . Es la arquitectura la que acoge, rechaza o destaca. Pero también son las piezas cerámicas o las esculturas las que despliegan todo el potencial de esa arquitectura. Un lunar ilumina un rostro sin tener mentalidad de cara.

En los juzgados de Medio Cudeyo, en Cantabria, Picado y de Blas trabajaron con la escultora María Oriza.  La artista cuenta que a raíz de estas piezas la llamaron para exponer en Japón. Y que hoy, y hasta el 23 de marzo, tiene una muestra en la galeríaAstarte de Madrid.

En su propio trabajo, entre pintura y escultura,  y entre la inmovilidad y el dinamismo, Oriza cruza transversalmente de un género a otro y de un estado a otro. Por eso, ubicada en un edificio, es lógico que su obra modifique el propio inmueble, que le saque más ángulos, otras miradas y otras proporciones y juegos de escala.

 

Picado y de Blas insisten en luchar por el 1% cultural, una ley vigente que obliga a invertir en arte cuando se construye un edificio público. “La administración intenta desviarlo sistemáticamente  a una bolsa general que dedica a restauración de patrimonio. Durante años el Ministerio de Fomento, los Ayuntamientos y multitud de empresas públicas de Suelo, como SEPES, han evadido esa obligación guardando esas cantidades para restauraciones de patrimonio, cuando el espíritu era que esa intervención artística no se concentrara en grandes obras, sino que se multiplicara en espacios públicos como bloques de viviendas VPO u Hospitales”, explican. Por eso insisten en que hay que recuperarlo y consideran que “los arquitectos son los únicos que deben mediarlo en sus edificios, porque son los que conocen el espacio que merece esa intervención”. Así, defienden que esa colaboración ha de ser “en origen, no buscando en una galería una pieza que quede bien”.

“No aplicar la ley del 1% degenera el tejido cultural y cierra las puertas a muchos artistas”, explican. Como, a pesar de la crisis, continúa habiendo obra publica, ellos creen que es importante pelear porque esta norma no se desvirtúe. “Al final todas estas piezas nos pertenecen a todos. Es un patrimonio que aumenta el valor de la obra pública y sirve para dar a conocer a talentos nuevos”, señalan. También es una lección de humildad y humanidad para la arquitectura: la pieza que soporta es más necesaria que la que brilla.

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Obra de María Oriza en cerámica serigrafiada. “Sistema de Hiperboloides” en los juzgados de Solares de Picado y de Blas.

 

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