Tuesday 12th December 2017,
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¿Cómo se elige el Premio Pritzker?

¿Cómo se elige el Premio Pritzker?

El sitio de arquitectura argentino ARQ Clarín ha publicado una interesante entrevista al jurado latinoamericano Alejandro Aravena enfocada en su rol como jurado Pritzker.

El Pritzker es el galardón más importante reconocido por los arquitectos de todo el mundo desde sus inicios en 1979. El proceso de elección de este premio es un proceso del cual se ha hablado bastante poco, sin embargo este arquitecto chileno nos entrega un panorama general bastante claro que destaca algunos de los valores y datos considerados para esta elección. Por lo demás deja en claro la dedicación y tiempo que significa llevar a cabo una labor de esta envergadura y responsabilidad.

La entrevista de ARQ Clarín a continuación.

 

¿En qué consiste el trabajo de un jurado del Pritzker?

No exagero si digo que es casi un trabajo de tiempo completo, al menos mentalmente, porque debo admitir que nunca había experimentado un nivel de discusión tan elevado como el que hay que tener en las discusiones del jurado. Es una tarea que obliga a pensar y argumentar al límite de la capacidad sobre un cuerpo de obra; todo se maneja en un nivel en el que ya no se discute si las obras son buenas o malas, porque se da por sentada la excelencia en rubros como la materialidad o la proporción. Si no fuera así, no serían candidatos. Es como una final de los 100 metros llanos, en la que ya sabemos que todos llegaron hasta ahí porque están en un nivel superlativo, y entonces se trata de ver quién puede sacar esas décimas de segundo de ventaja que hacen la diferencia. Por ejemplo, si las obras van a tener capacidad de generar una mejora en el nivel del entorno, si se van a convertir en una referencia. O evaluar el carácter de una obra en su conjunto, más allá de cada edificio puntualmente.

¿Hay algún tipo de criterio objetivo para definir eso, o es sólo de la subjetividad o el gusto personal de cada jurado?

Bueno, parte de la tarea consiste en viajar a ver obras, no sólo de los candidatos actuales sino también de los ya premiados, otros arquitectos consagrados y obras más antiguas, para poder comparar la calidad de lo que proyectó en el pasado con las obras que se está evaluando en la actualidad. Por ejemplo, una de las últimas tareas fue ir a ver el Parlamento de Bangladesh en Dhaka, de Louis Kahn. La idea es tratar de ver si el cuerpo de obra que vamos a premiar ahora soporta esa comparación, si se las puede equiparar o va a llegar a un nivel parecido. Para eso, hay que tratar de saber si esas obras van a resistir el paso del tiempo, imaginarlas dentro de dos o tres siglos. Se puede decir que es todo lo contrario de premiar al edificio del año.

¿Por qué en los últimos años fueron premiados en general arquitectos fuera de lo que podríamos considerar la élite mundial?

Eso es algo que se comenta mucho, pero, en mi percepción, (Peter) Zumthor, (el estudio) SANAA y (Eduardo) Soto de Moura eran bien conocidos y estaban en el lote de candidatos que va pasando de año a año. El único poco conocido es Wang Shu, que hizo una cantidad notable de obra en muy poco tiempo. A Souto de Moura lo conozco desde que era estudiante, en la década del 80. Era la época de la dictadura en Chile, teníamos muy poca información sobre lo que se hacía afuera, y además era una época muy mediocre de la arquitectura mundial con el auge del Posmodernismo, la arquitectura autorreferencial, un tiempo de obras y discursos sólo para arquitectos. Entonces algunos profesores nos hablaban de lo que hacían en esa época algunos arquitectos portugueses como él, que tenía 30 años y ya hacía obras extraordinarias, como el Mercado de Braga. Era igual de relevante que Zumthor, a quien elegimos en mi primer año como jurado, y que se caracteriza por sus soluciones racionales, accesibles a un bajo presupuesto, y que por eso tiene una gran capacidad de interesar a los colegas de países periféricos, o que trabajan en un contexto de escasez.

¿Influyen factores ajenos a los méritos del candidato, como la voluntad de incentivar a alguna arquitectura emergente, o mostrar de “corrección política”?

No, en absoluto, no existe una agenda y jamás se busca equilibrar los premios. A nadie en el jurado le importa de qué continente o hemisferio fueron los últimos ganadores, si fue negro o WASP (blanco anglosajón protestante), hombre o mujer, y menos aún hay sugerencias de afuera. Los únicos factores externos que se pueden filtrar fuera de los méritos de la obra son los que imponen la realidad, el mundo, la sociedad, los problemas de la vivienda o de la ecología, la desigualdad social o el cambio climático. En eso es importante el aporte de los jurados que no son arquitectos porque nos hace descentrar un poco, ponernos en el lugar del que juzga nuestro trabajo desde otro lugar. Palumbo habla en representación de los clientes, y hay un juez de la corte suprema de Estados Unidos, Stephen Breyer, cuya función es poner en debate temas que preocupan a la sociedad.

¿Qué puede decir sobre la elección de Toyo Ito este año?

Es absolutamente justa. Cada uno de sus proyecto es diametralmente distinto al anterior, al revés de esos arquitectos que encuentran una fórmula, un estilo, y lo repiten. Eso habla muy bien de él porque significa que siempre se vuelve a arriesgar, es capaz de preguntarse cada vez cuál es la forma adecuada de abordar un proyecto. Además, si bien sus obras son complejas en lo formal y tecnológico, quiero decir que no son para nada minimalistas, al mismo tiempo irradian calma y naturalidad. No son autocelebratorias, no exhiben lo difícil de su resolución como un mérito, no compiten en cantidad de tirabuzones como si fuera una competencia de saltos ornamentales, sino que hacen fácil lo difícil, como los golpes de Roger Federer. Pero tampoco se esfuerzan en ser asépticas, ni en mostrar una neutralidad artificial. Sus obras permiten que la vida ocupe el centro, y no el edificio.

¿Cuál es su preferida?

Qué pregunta difícil. Me gusta mucho el Crematorio de Kakamigahara, con esa cáscara de hormigón, donde se puede apreciar todo esto que decía. O la Biblioteca en Tama, con sus arcos de hormigón, una obra que parece al mismo tiempo cercana e inédita, que puede provocar un deja vu pero también señala un camino nuevo.

¿Hay algún motivo por el cual no se haya premiado aún a Daniel Libeskind o Peter Eisenman?

(Se ríe) Ese es el secreto más difícil de mantener. No puedo decir nada, porque podría dar pistas de quién puede ser o no premiado el año que viene. Ni siquiera puedo hablar de estas cuestiones con mi esposa, no es fácil ser un jurado del Pritzker.

Plataforma Arquitectura

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