Tuesday 16th January 2018,
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El futuro de las ciudades dominicanas

Necesitamos entender “arquitectónicamente” nuestra patria, nuestro territorio, nuestra mentalidad, y ejercer la profesión de acuerdo a lo que somos, y a lo que soñamos ser como nación. Si la cabeza de los arquitectos, que somos los creadores de cualquier sueño, anda por las nubes pensando en beneficios desconectados de la visión colectiva…no creo que jamás tengamos patria. Aída Díaz

La cita inicial es punto de partida para una reflexión, aplicable por extensión, no solo a la arquitectura y al urbanismo, sino al devenir de las ciudades. Una responsabilidad que concierne a todos los ciudadanos, pero cuya dirección principal está en manos de los políticos y administradores municipales “ayudados” por unos gobiernos centrales que no han podido superar paradigmas atávicos. El futuro de las ciudades dominicanas hay que vislumbrarlo, objetivarlo y construirlo dentro del contexto de un país del tercer mundo, lo que somos y seguiremos siendo. Un tercer mundo que debe aprender a valorar su sostenibilidad ambiental y social, alejándose de los modelos primermundistas apegados al consumo conspicuo, la ostentación y el despilfarro de recursos.

Una isla, ya poblada, bien dotada, casi un mini continente. Dos países. Una red de ciudades y dos o tres macrocefalias urbanas. Patria nuestra, territorio pródigo, inmerecido, naturaleza y mentalidad…y sueños. Proyectos particulares que se quieren convertir, a la fuerza, en proyectos de ciudad, o de nación. Y de la otra parte -como suele escribirse en los contratos-una población descreída, “multidecepcionada”, ignara, superficial, paradójicamente sonriente. Los problemas inmediatos y cotidianos manejados con visión cortoplacista, esenciales, primarios, irresueltos: servicios y calidad ambiental, movilidad urbana, trabajo y educación. A cambio de las carencias: circo, trencitos, bombillitos, cajas, funditas. No es lo mismo construir un metro que reordenar el tránsito, o alcanzar en movilidad urbana, la sostenibilidad de la accesibilidad. No es lo mismo tampoco, maquillar las ciudades que sanearlas. Megaproyectos megalómanos con dinero prestado o construcción colectiva de redes de desarrollo urbano, pero humano. Dilema que no se discute, pero acumula -como resorte comprimido- tensiones urbanas que extravían, deforman o destruyen, desperdiciando oportunidades, malgastando el más caro de los recursos: la vida de cada uno.

Superar paradigmas vencidos, concertar visiones colectivas, y generar respuestas. Iluminar sin deslumbrar o enceguecer, promover una vida urbana sencilla, saludable, segura, sostenible. Asentada sobre una infraestructura no pretenciosa, solo suficiente, pero eficiente. El futuro de nuestras ciudades no dista mucho de su presente, porque el reto es mejorar la calidad de vida sin comprometer la sostenibilidad futura. No dista en recursos, pero si en acciones inoportunas, coyunturales, efectistas, pensadas en función de -como bien apunta Aída- “beneficios desconectados de la visión colectiva” y mal conectados, cabe agregar, a intereses contrapuestos con ella. He aquí el modelo urbano imperante y triapunto: El “nueva yor chiquito” la ciudad “habanizada” y “el gran Bombay” coexistentes en tensión ¿Conviene revisarlo y redirigirlo? Tal parece. Al hacerlo, no nos dejemos confundir: somos “un país en el mundo” y del tercer mundo, solo que a veces, regala…universidades.

 

Diario Libre

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