Monday 11th December 2017,
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“Si no se hace alegremente no es arquitectura”

Test Oehlen 034

FOTO: José Hevia

Recordando a Alejandro de la Sota, que afirmaba que la emoción de la arquitectura hace sonreír, Luis Enguita y Paloma Lasso de la Vega se enfrentaron a la construcción del estudio para el pintor suizo Albert Oehlen en Appenzell (Suiza), un lugar “casi permanentemente nevado”, explican. Y encontraron, en ese paraje, la organización de su arquitectura. Es ese lugar  el que el pintor mira desde el gran ventanal que abre el estudio al paisaje. Para trabajar, en cambio, los arquitectos idearon para el pintor un espacio tradicional difícilmente superable: con luz pero sin vistas, una luz indirecta y cenital que le llega desde los lucernarios de la cubierta.

¿Qué invita a sonreír en este proyecto? El edificio se encuentra “resbalado en el paisaje” escribe Ángel González García en el monográfico sobre este estudio La arquitectura nunca duerme, “y se convierte en un residuo de la nieve cuando esta deja de caer”.

Así, la forma prismática de la vivienda, incrustada en la ladera de la montaña, la decidió aquí tanto el paisaje como el interior de la construcción, una nave diáfana –el taller del artista- y un semisótano que utiliza de almacén. Ese volumen y los lucernarios quedan recortados en la ladera. Por eso el edificio se suma al paisaje alpino acercándose más a la nieve perpetua que al resto de los edificios vecinos.Siendo amplio y generoso, el estudio ocupa un volumen compacto que conduce hacia el norte y vuela sobre el paisaje del sur. En esa fachada, el balcón se dispara hacia el paisaje extendiendo, con ese atrevimiento, la marquesina protectora del acceso al estudio. Los huecos captan la radiación e iluminan la zona de trabajo. Hay persianas exteriores, orientables y monotorizadas, para cerrar el taller y proteger el exceso de soleamiento. Más allá de por dejar una huella indecisa en el paisaje -al permitir que la vegetación crezca en su cubierta- y más allá de su manera de relacionarse con el lugar, la casa quiere ser sostenible desde su climatización con energía geotérmica, “apoyada en sistemas constructivos de gran inercia como la estructura de hormigón o la madera laminada” explican los arquitectos, que, en este proyecto, colaboraron con el estudio Ábalos & Sentkiewicz. Tableros realizados con partículas aislantes de papel reciclado y sal y un revestimiento exterior, hecho con tablones industriales, contribuyen, así mismo, a la inercia del edificio y, por lo tanto, a su ahorro energético.

 

Coste según arquitectos: 3.000 euros / metro cuadrado

 

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Planta Enguita Lasso

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