Monday 11th December 2017,
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Un hogar de bajo consumo

100×100 Madera, desde su delegación en Palencia, apuesta por nuevos sistemas de construcción con ínfimo impacto ambiental.

A más de 3.000 kilómetros de distancia en Finlandia, con temperaturas gélidas y la nieve cubriendo el paisaje, en estos momentos están creciendo pinos rojos y abedules de gran calidad que en unos años, seguramente, cobijarán a familias castellanas y leonesas. Serán los cimientos, techos y paredes de casas ecológicas con un consumo energético ínfimo. Esta realidad es posible gracias a la empresa 100×100 Madera, con delegación en la capital palentina, que a finales del mes de enero comenzará a construir su primera edificación en la región.

«Nuestras dos principales características son que buscamos la máxima eficiencia energética para conseguir un consumo casi nulo y la ecología como factor determinante en la selección de nuestros materiales. Estamos en torno al 92% de materiales ecológicos para hacer una casa saludable», explica el arquitecto y director comercial de 100×100 madera en Castilla y León, Alberto González Moya.

La empresa sigue dos estrategias con el objetivo de lograr que sus viviendas posean estas exigentes características. La primera pasa por la selección de los materiales de construcción: madera de pino rojo y de abedul finlandés suministrados por la empresa Kuusamo. «Los árboles nórdicos -explica González Moya- crecen más despacio que los de la Península por el clima». Esto hace que la madera posea unas propiedades mucho más adecuadas para la construcción. Por ejemplo, un tronco con la misma edad en Finlandia tendrá menos diámetro que otro español, y por consiguiente su dureza será mayor (hay más duramen y menos albura). Ahora bien, una empresa que tiene como filosofía reducir el impacto ambiental de sus construcciones no puede olvidar el gasto energético que supone transportar el material desde el país nórdico.

Alberto González considera que pese a este inconveniente los beneficios que se obtienen son mucho mayores: «Hemos escogido una empresa finlandesa porque este país es una gran potencia en el uso y manufacturación de la madera. Nos llevan años de ventaja en la gestión de este bien. La tala de árboles aquí no está tan controlada como en Finlandia ni se hace una recuperación adecuada del entorno. En este país nórdico, en cambio, por cada árbol cortado se plantan 5. Además, en Finlandia tienen un proceso de gestión regulado por el sello PCC que garantiza la calidad y la sostenibilidad de la madera».

Consumo mínimo de energía
La segunda estrategia se centra en los sistemas constructivos. Un buen aislamiento térmico gracias, entre otras cosas, a la posibilidad de realizar un forjado de cimentación de madera, y un sistema de ventilación recuperador de energía son las claves. «Nuestra forma de hacer las cosas no es comenzar pensando qué tipo de calefacción se va a poner. Nosotros lo primero que ideamos es el sistema de construcción para que la casa, sin ningún tipo de aporte energético, consiga tener una temperatura estándar anual de media en torno a los 19 o 20 grados».

Por lo tanto, el aporte energético que se debe hacer para climatizar la casa ya es mucho menor de lo habitual. La temperatura de confort, que generalmente se establece en los 22 grados centígrados, se consigue con un sistema de ventilación que posibilita una climatización pasiva de la vivienda. Además, a los clientes que lo deseen se les da la opción de poner una caldera de biomasa para los días más fríos.

«Una casa de unos 150 metros cuadrados, en pleno campo, aislada, generalmente tiene un gasto mensual de 200 o 300 euros bien sea de gasoil o de gas natural. Con nuestro sistema, el consumo se reduce a 40 euros -afirma Alberto González, para después añadir- una construcción que hemos realizado en la zona centro, en la Sierra de Madrid donde se alcanzan mínimas de menos 14 grados centígrados (con la calefacción encendida todo el día a una temperatura de 22 grados) se ha tenido un gasto de unos 60 euros. Y era una vivienda de 400 metros cuadrados».

Tras toda esta planificación en el diseño y en la construcción, el objetivo de 100×100 Madera es ofrecer lo que llaman «casas pasivas». Es decir, construcciones en las que se combina la eficiencia energética con los recursos de la arquitectura bioclimática. Una manera tan distinta de entender la edificación que, como explica González, muchas veces hace que los clientes se sorprendan con los precios «tan competitivos» que tienen: «Con las casas de madera hay dos tipos de prejuicios en cuanto el precio. Hay quienes piensan que tienen que ser más baratas por el tipo de material, otros que serán más caras por todas las funciones que ofrecemos. Al final, ni una cosa ni otra. Nosotros tenemos un coste un poco más elevado que el resto por la calidad de los materiales que se utilizan, pero luego rebajamos enormemente el precio final con los tiempos que destinamos a la construcción que son mucho menores que los de una obra tradicional», sostiene Alberto González Moya.

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